A más de 1.000 kilómetros al suroeste de Mahé, Aldabra parece menos un destino insular que un mundo aparte. Cuatro grandes islas de coral y piedra caliza rodean una laguna poco profunda, comunicada con el océano Índico por canales estrechos. La Fundación de las Islas Seychelles describe el atolón como una formación de unos 35 kilómetros de largo y 15 de ancho; la Unesco reconoce un bien protegido de 35.000 hectáreas. El paisaje marino y el territorio protegido son una misma trama ecológica, no una sola playa.
Aldabra es un atolón coralino elevado, formado por antiguos arrecifes de piedra caliza que emergieron repetidamente sobre el nivel del mar. Las mareas atraviesan sus canales dos veces al día y transforman orillas, planicies y manglares. La superficie áspera e irregular, llamada a veces terreno champiñón por sus formas semejantes a hongos, sostiene hábitats diversos. Laguna, arrecife, praderas marinas, manglares y matorral seco conviven en un entorno de acceso difícil, donde los procesos naturales siguen siendo visibles.