En la Explanada de los Ministerios de Brasilia, la Catedral Metropolitana de Nuestra Señora Aparecida —conocida habitualmente como Catedral de Brasilia— impresiona incluso antes de llegar a la entrada. Oscar Niemeyer diseñó una estructura circular cuyos amplios soportes de hormigón se elevan como una corona contra el cielo abierto. Pero no es solo un monumento fotogénico: es una iglesia católica activa, un lugar de oración y una colección cuidadosamente integrada de arte brasileño moderno. Para apreciarla, conviene mirar más allá del exterior y comprobar las condiciones de visita vigentes antes de salir.
La primera piedra de la catedral se colocó el 12 de septiembre de 1958, mientras se levantaba la nueva capital federal. La estructura principal de hormigón quedó terminada en 1960, pero la inauguración oficial no tuvo lugar hasta el 31 de mayo de 1970. Ese intervalo importa: la silueta que hoy reconocemos apareció antes de que concluyeran el interior y otros elementos artísticos. La cronología oficial de la catedral registra su protección patrimonial en 1967, tres años antes de la inauguración, señal de la relevancia que ya se atribuía al diseño.