El Viejo Quebec no es un monumento aislado, sino un distrito histórico vivo entre el río San Lorenzo y las alturas del cabo Diamant. Sus dos sectores —la Ciudad Alta sobre el acantilado y la Ciudad Baja junto al puerto— convierten la geografía en parte de la visita. Las calles ascienden desde la ribera, mientras murallas y puertas dibujan el contorno del antiguo asentamiento. La Unesco inscribió el distrito histórico en 1985 y delimita un área protegida de unos 135 hectáreas. El atractivo está en caminar por un paisaje urbano compacto donde conviven historias militares, religiosas, comerciales y domésticas, no en recorrer una sucesión de atracciones sin relación.
Samuel de Champlain fundó Quebec en 1608, y el asentamiento se convirtió en la capital de Nueva Francia. Su posición junto al San Lorenzo hizo de la ciudad un puerto estratégico y un punto de control de la navegación hacia el interior. En el siglo XVIII cambió de dominio y después se desarrolló bajo el gobierno británico, dejando capas de instituciones y arquitectura. El carácter del barrio procede de esa continuidad y transformación: fortificaciones, iglesias, edificios cívicos, casas y calles comerciales siguen integrados en un vecindario habitado. El reconocimiento de la Unesco se refiere al conjunto y a su entorno, no a que todos los edificios pertenezcan a una única época.