En el centro de Gabón, el río Ogooué atraviesa un paisaje donde se encuentran la selva tropical, la sabana y colinas escarpadas. Lopé-Okanda interesa precisamente porque no es un monumento aislado, con una entrada y un recorrido fijo, sino un territorio protegido en el que la historia natural y la humana se superponen. La visita permite acercarse a esa transición, pero conviene hacerlo con guía y expectativas realistas: los animales no están garantizados, los servicios son limitados y las condiciones dependen de la temporada y de los arreglos locales.
La UNESCO describe el bien como una interfaz poco común entre la selva tropical densa y bien conservada y los restos de antiguas sabanas. Estas áreas abiertas son vestigios de ambientes más extendidos bajo climas pasados. La alternancia de hábitats explica la importancia científica del lugar: conserva evidencias de cambios ecológicos de unos 15.000 años, durante los cuales especies y paisajes respondieron a las transformaciones posteriores a la última glaciación. El bien protegido supera el medio millón de hectáreas y cuenta además con una zona de amortiguamiento.