En el norte de Siberia Central, la meseta de Putorana se aparta de la imagen habitual de un bosque ruso. Sus altiplanos y escarpes se elevan sobre una extensa red de ríos fríos, lagos y valles profundos. El bien de la Unesco abarca 1.887.251 hectáreas en el krai de Krasnoyarsk, muy al norte del círculo polar ártico. Es naturaleza protegida, no un complejo turístico con carreteras y puertas de acceso.
La meseta está formada sobre todo por capas de basalto de antiguas erupciones volcánicas. Los ríos han cortado esas rocas y creado cañones, acantilados y laderas escalonadas; el agua cae luego en miles de saltos y lagos. La Unesco describe más de 25.000 lagos y miles de cascadas en el territorio. La cifra da una idea de su escala, pero lo que impresiona es la unión de agua, roca y distancias enormes, difícil de recorrer a pie.