En Coolidge, Arizona, la Gran Casa se levanta sobre la llanura del desierto sonorense. El monumento nacional conserva mucho más que este edificio llamativo: protege un paisaje comunitario asociado con pueblos ancestrales del desierto sonorense, que incluye viviendas, espacios públicos y un sistema de riego. El Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos (NPS) sitúa el lugar dentro de una extensa red de asentamientos y canales a lo largo del río Gila y otros cursos de agua. Lo que hoy parece aislado formó parte de un mundo agrícola y comercial conectado.
Quienes construyeron la Gran Casa no dejaron textos que revelen el nombre con que se identificaban. El NPS utiliza «pueblos ancestrales del desierto sonorense» para hablar de esas comunidades y explica que «Hohokam» es una categoría arqueológica, no el nombre de una tribu ni de un pueblo separado. Las comunidades o’odham, hopi y zuni mantienen vínculos con esos antepasados; para algunos pueblos indígenas, Casa Grande sigue siendo un lugar sagrado. El contexto importa: las etiquetas arqueológicas no deben borrar a comunidades vivas ni convertir una historia amplia en una identidad inventada.