En el extremo sudoriental de Cuba, el Parque Nacional Desembarco del Granma protege un encuentro singular entre costa caliza, mar, bosque y sitios arqueológicos. El bien inscrito por la Unesco se extiende alrededor de Cabo Cruz, en los municipios de Niquero y Pilón, provincia de Granma. No es un complejo convencional de playa: su rasgo distintivo es un sistema excepcional de terrazas marinas elevadas por movimientos tectónicos y cambios del nivel del mar. El nombre recuerda la llegada del yate Granma en 1956, pero su reconocimiento internacional responde principalmente a valores geológicos y ecológicos. Esa diferencia permite descubrir mucho más que un monumento revolucionario.
Las terrazas calizas dibujan una sucesión de escalones junto a Cabo Cruz. Según la Unesco, los niveles emergidos llegan a unos 360 metros sobre el mar y los sumergidos descienden aproximadamente 180 metros bajo su superficie. El levantamiento tectónico y las variaciones antiguas del nivel marino originaron este relieve; la erosión sigue modelando su paisaje kárstico. Acantilados, cañones, cuevas y grandes dolinas forman parte de sus rasgos. Desde un sendero, el terreno se lee como un archivo geológico cuyos procesos son muy anteriores a las historias humanas que también conserva.