El Parque Nacional Lorentz no es una parada convencional en un itinerario por Papúa. Es un territorio protegido, remoto e inmenso en el oeste de Nueva Guinea, que se extiende desde las altas montañas centrales de la isla hacia el mar de Arafura. La autoridad indonesia de conservación informa una superficie de 2.348.680 hectáreas; la UNESCO redondea el bien a unos 2,35 millones y lo considera el área protegida más extensa del sudeste asiático. Su atractivo no es un mirador único ni un encuentro garantizado con fauna, sino una secuencia excepcional de ecosistemas que pocos viajeros pueden recorrer sin una planificación cuidadosa.
La UNESCO describe Lorentz como la única área protegida del mundo que conserva una continuidad ecológica desde cumbres nevadas hasta ambientes marinos tropicales, incluidos extensos humedales de tierras bajas. El terreno atraviesa zonas alpinas y montañosas, bosques, ríos, pantanos y manglares costeros. Esta variedad resulta de la colisión entre las placas tectónicas australiana y pacífica, que continúa modelando las montañas, y de los efectos de antiguas glaciaciones. Por ello, el parque es tanto un registro vivo de procesos geológicos como un refugio para la vida silvestre.