Majestuoso y místico, el Palacio de Potala se eleva sobre la colina roja de Marpo Ri, en el corazón de Lhasa, a más de 3.700 metros de altitud. Su silueta domina el valle del río Lhasa y su historia está profundamente ligada a la espiritualidad tibetana. Construido a partir de 1645 por orden del quinto dalái lama, el Potala se convirtió en la residencia oficial de los líderes espirituales del Tíbet hasta 1959. El nombre "Potala" proviene del monte Potalaka, la morada mítica del bodhisattva Avalokiteśvara, símbolo de la compasión universal. En 1994 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y hoy sigue siendo uno de los monumentos más venerados y admirados del mundo.
El Palacio Blanco, o Potrang Karpo, constituye la parte residencial y administrativa del complejo. Su construcción comenzó durante el mandato del quinto dalái lama, quien trasladó su gobierno a Lhasa en 1649. A comienzos del siglo XX, el decimotercer dalái lama amplió el edificio hasta alcanzar sus dimensiones actuales, conservando la elegancia y el simbolismo espiritual que lo caracterizan. A diferencia del Palacio Rojo, el Blanco siempre tuvo un uso secular y gubernamental: albergaba las oficinas, las habitaciones del dalái lama, un seminario y una imprenta monástica.