En Willemstad, el puente de la Reina Emma no es solo un mirador sobre el puerto. Es un paso peatonal en funcionamiento entre Punda y Otrobanda, dos barrios frente a frente a ambos lados de la bahía de Santa Ana. Su estructura flotante puede girar para dejar pasar barcos hacia el puerto interior y después regresar a su posición para volver a unir las calles. Esa combinación de utilidad cotidiana y movimiento visible explica el apodo local de «Swinging Old Lady», la vieja dama oscilante. Cruzarlo permite observar de cerca cómo comparten el mismo canal la vida urbana y la actividad portuaria.
El puente forma parte del Área Histórica de Willemstad, inscrita por la UNESCO en la Lista del Patrimonio Mundial en 1997. La designación abarca el tejido urbano histórico y su relación con el puerto natural, no únicamente un monumento aislado. Desde el puente esa relación se aprecia directamente: los edificios del frente marítimo de Punda enmarcan una orilla y Otrobanda se alza al otro lado. La vista es muy fotografiada, pero el detalle más interesante es que la estructura pertenece al sistema de circulación de la ciudad; no se construyó como una escenografía destinada solo a los visitantes.