Safranbolu no es un palacio ni un museo aislado, sino una ciudad histórica de la provincia de Karabük, en la región turca del mar Negro occidental. Sus barrios en ladera, casas con entramado de madera, mezquitas, posadas, baños y calles comerciales forman un conjunto urbano que conserva una lectura coherente pese a los cambios de los siglos. Su atractivo es arquitectónico, pero también social: las calles siguen enlazando viviendas, tiendas, patios y edificios públicos, en lugar de funcionar como un decorado al aire libre.
La Unesco incorporó la ciudad de Safranbolu a la Lista del Patrimonio Mundial en 1994, por su paisaje urbano tradicional y por ser un ejemplo especialmente coherente de la vida urbana otomana. El Ministerio turco de Cultura y Turismo señala que su ubicación en las rutas que comunicaban la costa del mar Negro con Anatolia occidental, septentrional y central contribuyó a convertirla en un centro comercial importante, sobre todo en el siglo XVIII. El comercio dejó huella en las casas, las posadas y los mercados construidos para atender a viajeros.