La estatua de 42,7 metros del dios Murugan se alza al pie de Batu Caves, al norte de Kuala Lumpur, en el estado malasio de Selangor. Pintada de dorado, destaca junto a la escalinata que asciende por una colina de piedra caliza. Es un hito visual y, a la vez, un umbral: detrás de ella hay un santuario hindú activo, no solo un mirador o un jardín escultórico. Muchos visitantes llegan atraídos por su tamaño y color, pero la estatua se comprende mejor en relación con el culto, las procesiones y el paisaje de cuevas que la rodean.
La escultura fue inaugurada oficialmente en enero de 2006 en el templo Sri Subramaniar Swamy. El diario malasio The Star registró entonces su altura de 42,7 metros y describió el acto como una gran reunión pública. El acabado dorado y la lanza asociada con Murugan permiten identificar al dios incluso a quienes no conocen las tradiciones hindúes tamiles. Su escala la convirtió en emblema visual de Batu Caves, pero su sentido es devocional: marca el acceso a un lugar donde los fieles rezan, presentan ofrendas y cumplen promesas religiosas.