Sobre Casablanca
A menudo se considera Casablanca una puerta de entrada a Marruecos, pero la mayor ciudad del país merece tiempo propio. Frente al Atlántico, reúne zonas portuarias y avenidas comerciales con un barrio amurallado, arquitectura del siglo XX y una mezquita monumental junto al mar. Su identidad moderna no se explica como una simple oposición entre lo «tradicional» y lo «europeo»: el comercio, la migración, la planificación colonial y la vida urbana marroquí han dado forma a la ciudad. Para conocerla, conviene recorrer esos estratos y no esperar que un solo centro histórico resuma Casablanca.
De Anfa a la metrópoli moderna
La historia de la ciudad se vincula con Anfa, un antiguo asentamiento de esta costa, aunque las fuentes difieren sobre el origen del nombre y sus primeros límites. La guía patrimonial de Visit Casablanca describe la medina antigua como el corazón histórico y reconoce que no es posible fechar con precisión sus orígenes. Señala que un terremoto de noviembre de 1755 dañó Casablanca y que el sultán Sidi Mohammed Ben Abdallah ordenó reconstruirla hacia 1770, con el nombre Dar el-Beïda, «la casa blanca». Hay relatos locales que relacionan el nombre con un santuario; deben presentarse como leyendas, no como una explicación histórica demostrada.
Casablanca creció rápidamente como puerto y centro comercial, sobre todo durante el Protectorado francés, establecido en 1912. Junto a los barrios antiguos aparecieron calles nuevas y edificios cívicos; arquitectos de comienzos del siglo XX dejaron un paisaje donde detalles art déco conviven con arcos marroquíes, azulejos y patios. Esa mezcla no es un simple recurso decorativo: refleja la historia desigual y compleja del dominio colonial y el crecimiento de la ciudad como destino de trabajo y migración. Casablanca adquirió proyección internacional durante la Segunda Guerra Mundial, cuando en 1943 recibió la conferencia de los Aliados.
Empezar por la medina antigua
La medina antigua se encuentra cerca del puerto y suele visitarse desde Bab Marrakech. Sus callejuelas, pequeños mercados, santuarios y restos de fortificaciones tienen una escala distinta a la de las avenidas modernas. Visit Casablanca describe un barrio formado por comunidades musulmanas, judías, amaziges y europeas, y advierte que su patrimonio requiere conservación. La guía también destaca la zona fortificada de Sqala y las tiendas próximas a las murallas. Es un barrio vivo, no un museo: camina con respeto, pide permiso antes de fotografiar a las personas y permite que los residentes sigan con sus actividades cotidianas.
Desde la medina se puede continuar hacia la plaza Mohammed V y el centro. El portal turístico de la ciudad la describe como un núcleo administrativo rodeado de edificios de la década de 1920, muchos con influencias hispanomoriscas y art déco. Vale la pena fijarse en las fachadas geométricas, los soportales, las torres con reloj y las galerías sombreadas, en lugar de buscar un único estilo uniforme. Habous, conocida también como la Nueva Medina, ofrece otra mirada arquitectónica con calles porticadas, librerías, tiendas de artesanía y comercios de alimentos. Es un buen lugar para curiosear artesanías marroquíes y dulces tradicionales, aunque cada negocio tiene sus propios horarios; el barrio no cuenta con un único horario general.
La mezquita Hassan II y la costa atlántica
El monumento más visible es la mezquita Hassan II, construida junto al Atlántico e inaugurada en 1993. Su amplia sala de oración, el minarete, los relieves de yeso, la madera, el mármol y los mosaicos de zellige combinan ingeniería contemporánea con oficios marroquíes. La Fundación de la Mezquita Hassan II organiza visitas guiadas que explican la sala de oración y otros espacios; el interior no funciona como una atracción de acceso libre en cualquier momento. Actualmente, la Fundación publica visitas de sábado a jueves a las 8, 9, 10 y 11 de la mañana y a las 14:00; los viernes anuncia turnos a las 8, 9 y 10 y a las 14:00. Las oraciones, las fechas religiosas o los actos oficiales pueden modificar el acceso: confirma antes de salir.
Al momento de la consulta, la página en inglés de la Fundación indicaba 140 dírhams para adultos extranjeros, 70 para residentes marroquíes y estudiantes extranjeros, 30 para niños mayores de seis años y estudiantes marroquíes, y entrada gratuita para menores de seis. También pide cubrir hombros, pecho y rodillas, quitarse los zapatos dentro y permanecer junto al grupo. Las tarifas y reglas pueden cambiar. Fuera de la mezquita, la costa permite apreciar mejor la relación de Casablanca con el Atlántico. La Corniche de Ain Diab es una zona recreativa conocida, pero cada café, club de playa y establecimiento define sus propios horarios y normas.
Cómo organizar una visita a la ciudad
Casablanca está extendida, así que conviene planificar por barrios en vez de intentar caminar entre todos los lugares destacados. Hay conexiones ferroviarias entre el aeropuerto Mohammed V y la ciudad, y el tranvía y los taxis ayudan en los desplazamientos urbanos; consulta el servicio vigente y las estaciones antes de viajar. Para visitar la mezquita, verifica el turno oficial y llega con tiempo. En la medina y Habous ayudan los zapatos cómodos para calles irregulares; alrededor de lugares religiosos es apropiado vestir con respeto. En mercados concurridos, cuida tus pertenencias y utiliza medios de transporte identificables.
Casablanca se disfruta más como una ciudad que se observa, no solo como una lista de monumentos. Una mañana en la medina antigua, una pausa para mirar las fachadas del centro, la visita a la mezquita y una tarde junto al océano muestran facetas distintas. Evita repetir sin fecha cifras de población, clasificaciones portuarias u horarios generales tomados de reseñas antiguas: la ciudad cambia y los datos prácticos dependen de cada lugar. Consulta los anuncios oficiales sobre visitas, transporte y cierres.