Sobre Mohenjo-Daro
Una gran ciudad a orillas del Indo
En la margen derecha del río Indo, en la provincia pakistaní de Sindh, Mohenjo-daro conserva uno de los paisajes urbanos de la Edad del Bronce más importantes del sur de Asia. La Unesco sitúa el yacimiento a unos 28 kilómetros de Larkana y 510 kilómetros al noreste de Karachi. Su nombre suele traducirse como «montículo de los muertos», aunque se desconoce cómo se llamaba la ciudad en la Antigüedad. La ficha oficial de Patrimonio Mundial escribe Moenjodaro; ambas formas aluden al mismo conjunto arqueológico.
La ciudad prosperó dentro de la civilización del Indo, cuyo periodo general la Unesco sitúa aproximadamente entre 2500 y 1500 a. C. Sus restos muestran que la vida urbana de la región incluía calles planificadas, técnicas constructivas especializadas e infraestructura cívica mucho antes de los imperios históricos más conocidos del sur de Asia. La escala impresiona, pero no justifica afirmaciones fáciles sobre quién gobernaba o qué significaban sus símbolos: la escritura del Indo aún no se ha descifrado y muchos aspectos políticos y religiosos siguen en debate.
La Unesco delimita una propiedad de 240 hectáreas y calcula que desde el inicio de las excavaciones, en 1922, solo se ha investigado aproximadamente un tercio. Lo visible es, por tanto, una parte de una ciudad enterrada mucho mayor. Entre las zonas excavadas destacan una ciudadela elevada al oeste y la ciudad baja, que se extiende hacia el este. Una estupa budista construida sobre ruinas anteriores en el siglo II d. C. aporta otra capa histórica: el montículo siguió teniendo importancia siglos después del periodo urbano del Indo.
Calles, pozos y el Gran Baño
La ciudad baja destaca por su trazado ordenado, con calles que a menudo se cruzan en ángulo recto. Las casas y los edificios públicos se construyeron principalmente con ladrillos cocidos; la ciudad contaba con pozos, desagües y pozos de absorción vinculados al agua doméstica y la evacuación de residuos. Estos sistemas no demuestran que todos los hogares tuvieran las mismas condiciones, pero revelan una notable inversión en servicios urbanos. Seguir las líneas de las calles ayuda a imaginar un barrio en funcionamiento, no un conjunto de monumentos aislados.
En la ciudadela se encuentra la estructura conocida como el Gran Baño, un depósito de agua cuidadosamente construido y accesible mediante escalones. Su impermeabilización y las salas que lo rodean lo convierten en uno de los espacios más memorables del sitio. Los arqueólogos han debatido si tuvo una función ritual, cívica u otra finalidad colectiva; «Gran Baño» describe su forma, no una explicación definitiva de su uso. Lo más riguroso es conservar esa incertidumbre, en vez de presentar una interpretación como un hecho probado.
Sellos, figurillas, adornos, herramientas y objetos domésticos ayudan a estudiar la artesanía, los intercambios y la vida cotidiana. Algunas piezas se exhiben en museos, incluido el museo local asociado al sitio, mientras las ruinas permiten observar cómo se relacionaban los edificios. La pequeña figura de bronce apodada «Bailarina» y la escultura de esteatita llamada «Rey Sacerdote» se han convertido en emblemas populares, pero esos nombres modernos no demuestran la identidad ni el papel de las personas representadas.
Descubrimiento y un reto de conservación vigente
Las excavaciones de la década de 1920 dieron a conocer Mohenjo-daro internacionalmente y cambiaron el estudio de la civilización del Indo. El sitio ingresó en la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco en 1980. Sin embargo, dejar los restos al descubierto también implica riesgos: los muros de ladrillo y los cimientos antiguos sufren por el clima, la humedad ascendente y las sales. La Unesco ha advertido sobre la acción salina, el estrés térmico y la lluvia, además del peligro de grandes inundaciones en el paisaje bajo junto al río.
El monzón de 2022 causó daños importantes en el conjunto y aceleró las tareas de conservación de emergencia. En su decisión de 2026, el Comité del Patrimonio Mundial reconoció la respuesta continuada del Estado, incluidas medidas de conservación a corto plazo ya realizadas, evaluaciones del estado del sitio, nuevas investigaciones sobre el deterioro y un taller sobre reducción del riesgo de desastres celebrado en 2025. Aún quedan prioridades: proteger las zonas más vulnerables, tratar la salinidad, mejorar los ladrillos y materiales de restauración, mantener el drenaje y elaborar un plan integrado de gestión. No es una historia de rescate concluido, sino un trabajo en marcha.
Ese contexto cambia la mirada del visitante. Los muros bajos, los ladrillos expuestos y las barreras de protección no son solo un fondo pintoresco: son las pruebas materiales que los equipos intentan estabilizar. La Unesco ha acogido un nuevo proyecto financiado por Japón para atender las prioridades identificadas por su misión de seguimiento. El Comité pidió un informe actualizado de conservación antes del 1 de diciembre de 2027. Las medidas muestran tanto la importancia internacional del yacimiento como el trabajo práctico que todavía requiere.
Cómo organizar una visita responsable
Mohenjo-daro está en el distrito de Larkana, lejos de los principales puntos de entrada internacionales de Pakistán. Es habitual incluirlo en una ruta por Sindh; conviene reservar tiempo para el trayecto por carretera, el calor y el transporte local. La página de visitas de la Dirección General de Antigüedades de Sindh publica actualmente un horario invernal desde las 9:00 hasta 30 minutos antes del atardecer. Como las condiciones y los avisos estacionales pueden cambiar, confirma el horario del día con el departamento o la oficina del sitio antes de salir; no conviertas esa referencia al ocaso en una hora fija.
La página del museo del Gobierno de Sindh publica actualmente horarios partidos: de 8:30 a 12:30 y de 14:30 a 17:30, tanto en temporada cálida como fría. La información sirve de orientación, pero debe confirmarse localmente; en la consulta realizada para este artículo no se pudo verificar el precio de entrada ni todos los cierres festivos. El museo aporta contexto a las ruinas: pregunta si abrirá ese día y si el acceso se organiza por separado del recinto arqueológico.
Una vez dentro, recorre el lugar sin prisa y sigue los caminos señalizados. La escala se entiende mejor al comparar la ciudadela con la ciudad baja y observar después el trazado, los desagües, los pozos y la mampostería. No subas a las estructuras ni manipules restos: la erosión superficial y la salinidad son problemas activos. En esta llanura expuesta convienen agua, protección solar y calzado firme. Mohenjo-daro recompensa la curiosidad, pero también exige prudencia: su ingeniería puede verse, mientras la escritura, muchos significados sociales y partes de su historia siguen sin resolverse.