Sobre Parque nacional Uluṟu-Kata Tjuṯa
El Parque Nacional Uluṟu–Kata Tjuṯa protege dos formaciones emblemáticas del desierto rojo del Territorio del Norte: Uluṟu y las cúpulas rocosas de Kata Tjuṯa. Es tierra de los Aṉangu, sus propietarios tradicionales, cuya cultura y ley, Tjukurpa, orientan la gestión conjunta con Parks Australia. El parque está inscrito por la UNESCO por sus valores naturales y culturales; para el visitante, comprender esa relación entre paisaje, relatos ancestrales y responsabilidad de cuidado es tan importante como contemplar la geología.
La vuelta completa a la base de Uluṟu mide 10,6 kilómetros y requiere unas tres horas y media. Hay opciones más breves, como Mala Walk y Kuniya Walk, mientras que en Kata Tjuṯa destacan Walpa Gorge y Valley of the Winds. El ascenso a Uluṟu permanece cerrado de forma definitiva desde octubre de 2019 por respeto a la voluntad y la ley Aṉangu. Algunas paredes y lugares sagrados no pueden fotografiarse; las señales indican claramente las zonas sensibles y deben obedecerse también al dibujar o grabar vídeo.
El calor condiciona toda visita. Parks Australia recomienda llevar aproximadamente un litro de agua por persona y hora, usar sombrero, protector solar y calzado resistente, y terminar las caminatas largas antes de las 11:00 en época cálida. Partes de Valley of the Winds cierran cuando se pronostican 36 °C o más. El Centro Cultural, normalmente abierto de 7:00 a 18:00, es el mejor punto de partida para conocer la cultura Aṉangu, consultar alertas y comprar arte local de procedencia responsable.
Se necesita un pase válido para entrar al parque y los horarios de acceso cambian según la estación. Conviene comprarlo en línea, revisar cierres por calor, trabajos, inundaciones o ceremonias de duelo y planificar amanecer y atardecer solo desde miradores autorizados. Yulara concentra alojamiento, combustible y servicios, a unos 20 kilómetros de Uluṟu. No hay que salir de los senderos, volar drones ni llevarse piedras o tierra: visitar bien este paisaje significa respetar tanto su fragilidad ambiental como su condición de lugar sagrado.