Cerca de la ciudad de Nasca, en la costa sur del Perú, los acueductos de Cantalloc permiten observar a escala humana un sistema hidráulico antiguo. Sus canales bajos y sus característicos accesos en espiral se encuentran en una región donde el agua superficial depende de las estaciones y el desierto costero es extremadamente seco. La imagen más conocida es la del pozo circular que desciende hacia una galería subterránea, pero el sistema es mucho más que una fila de pozos fotogénicos. Forma parte de una red que captaba agua subterránea, la conducía por tramos cubiertos y abiertos y la llevaba a reservorios y campos de cultivo.
El lugar ayuda a entender el problema técnico. El expediente que el Ministerio de Cultura del Perú presentó ante la Unesco describe la cuenca de Nasca como dependiente de lluvias en las montañas altas, con cursos de agua intermitentes y largos periodos de escasez superficial. Las galerías filtrantes recogían agua de la napa subterránea y la conducían a espacios de almacenamiento conocidos como qochas, desde donde podía distribuirse. Los estudios describen los puquios como fuentes de agua para riego y usos domésticos en valles donde el agua no estaba disponible de forma constante en la superficie. Su importancia fue concreta: ayudaron a sostener la vida y la agricultura.