El Ark de Bujará domina el borde occidental de la ciudad histórica con sus murallas de adobe y su gran rampa de acceso. Más que una fortaleza, fue una ciudadela palaciega: durante siglos concentró la residencia del gobernante, la administración, la guardia, talleres, mezquitas y dependencias de la corte.
La ocupación del montículo se remonta a la Antigüedad, aunque el Ark fue destruido y reconstruido repetidas veces. Su aspecto conservado corresponde en gran parte a los kanatos y al Emirato de Bujará. El último emir mantuvo allí su centro político hasta 1920, cuando la ciudadela sufrió graves daños durante la toma de Bujará por fuerzas soviéticas.