Barcelona recompensa a quien mira más allá del perfil conocido de la ciudad. Murallas romanas, calles medievales, edificios modernistas, espacios cívicos y barrios contemporáneos se superponen en un lugar que continúa cambiando. La primera pregunta útil no es cuál es “la” Barcelona, sino cómo enlazar distintas épocas sin reducirlas a una sola historia. En el centro antiguo, un paseo breve puede llevar de restos arqueológicos a una plaza concurrida y después a una construcción nacida de una idea urbana muy distinta.
El Museo de Historia de Barcelona sitúa la fundación de la colonia romana de Barcino aproximadamente entre los años 15 y 10 antes de nuestra era, bajo el emperador Augusto. El asentamiento se encontraba cerca del Mediterráneo y en la ruta hacia Tarraco. Foro, murallas, puertas y calles formaban un núcleo ordenado; hoy quedan huellas en plazas, patios y espacios museísticos, no en una única ruina continua. Verlas en su contexto ayuda a entender por qué el pasado romano está integrado en la ciudad moderna y no separado de ella.