Notre-Dame de París es a la vez un gran monumento gótico y una catedral activa en la isla de la Cité. Desde su reapertura al público en diciembre de 2024, recibe de nuevo visitantes tras el devastador incendio de 2019 y una extensa campaña de restauración. La experiencia no es simplemente una visita a un museo: continúan los oficios religiosos, el calendario puede cambiar por las ceremonias y la entrada es gratuita. Antes de cruzar el atrio, lo más práctico es consultar el horario vigente y decidir si conviene reservar un turno gratuito.
La historia oficial de la catedral sitúa la colocación de la primera piedra en 1163, durante el episcopado de Maurice de Sully. Las obras avanzaron durante unos dos siglos, con la construcción por etapas del coro, la nave, la fachada, las torres y las capillas. El resultado se convirtió en uno de los edificios góticos más representativos de Francia. Sus bóvedas apuntadas, grandes ventanas, portales esculpidos y arbotantes no son adornos aislados: expresan una técnica que distribuye hacia el exterior el peso de la estructura y permitió interiores más altos y luminosos.