En la costa norte de Gran Canaria, un arco natural de roca resguarda uno de los paisajes arqueológicos más llamativos de la isla. El Cenobio de Valerón reúne más de 350 cuevas, cámaras y silos excavados en toba volcánica en la Cuesta de Silva, dentro del municipio de Santa María de Guía. No se trata de un palacio ni de una aldea de cuevas convencional: se interpreta como un granero colectivo donde los antiguos canarios guardaban excedentes agrícolas para disponer de ellos más adelante.
La palabra «cenobio» puede evocar un monasterio, y algunas explicaciones antiguas interpretaron el nombre como prueba de una comunidad religiosa. La lectura arqueológica aceptada es otra: la gran cantidad de espacios de almacenamiento apunta a una gestión organizada de alimentos. El acantilado ofrecía protección natural y dificultaba el acceso desde abajo; la distribución de las cavidades permitía repartir el almacenamiento a lo largo de la pared.