Red Bay, en la costa de Labrador, al este de Canadá, fue sede de una importante operación ballenera vasca del siglo XVI. Su puerto protegido, las islas cercanas y el litoral conservan indicios de una instalación industrial temporal, organizada para capturar ballenas, transformar la grasa en aceite y enviar ese valioso producto al otro lado del Atlántico. Lo más singular es que la historia no se presenta mediante un pueblo reconstruido. En cambio, la costa, los depósitos arqueológicos y los restos sumergidos permiten imaginar una estación estacional activa que desapareció de la vida cotidiana, pero dejó un registro excepcional en tierra y bajo el agua. Las tripulaciones vascas cruzaban el Atlántico Norte para cazar ballenas francas y de Groenlandia, cuyo aceite tenía demanda en Europa, entre otros usos para iluminación. Red Bay se convirtió en uno de los sitios de caza comercial temprana mejor documentados de la región. Según la Unesco, la actividad era estacional y se prolongó aproximadamente siete décadas durante el siglo XVI. Fue una presencia industrial sostenida, pero no una ciudad europea permanente en el sentido actual. Las tripulaciones llegaban en la temporada de caza, construían lo necesario para trabajar y se marchaban al finalizar la operación.
La investigación arqueológica dio al puerto relevancia internacional. Las excavaciones terrestres localizaron partes del proceso de producción y objetos de la vida de las tripulaciones; el trabajo subacuático encontró restos de embarcaciones y otras pruebas dentro del puerto. En conjunto, los hallazgos permiten reconstruir cómo una industria atlántica remota organizaba trabajo, transporte y producción. El valor del sitio no depende de un objeto aislado, sino de la combinación de evidencias. La visita se entiende mejor como un paisaje conectado: el puerto, las zonas de trabajo, las islas y la costa formaban parte de una misma actividad estacional.