La medina de Marrakech se entiende mejor como un barrio habitado que como un monumento con una sola entrada. Sus callejuelas enlazan viviendas, talleres, mercados, edificios religiosos y plazas; el visitante camina por espacios que siguen formando parte de la vida diaria. La Unesco describe la medina como una ciudad histórica cuyo tejido reúne casas, zocos, fondouks, artesanía y oficios tradicionales. Esta diferencia importa al planificar: no existe una entrada única ni un horario general para todo el distrito, y cada museo, palacio o monumento administra sus propias visitas.
Los orígenes de la ciudad se remontan al periodo almorávide. La Unesco fecha su fundación entre 1070 y 1072, cuando la dinastía estableció Marrakech como centro político y económico. Bajo los almohades fue capital y su influencia llegó por el norte de África hasta al-Ándalus. Las dinastías posteriores añadieron edificios e instituciones. El resultado no es una sola época congelada, sino una ciudad de capas históricas donde la arquitectura monumental convive con el comercio cotidiano.