En Bohuslän, al oeste de Suecia, los grabados rupestres de Tanum convierten el granito expuesto en un registro de personas, animales, barcos, armas y signos. No son una crónica escrita y los arqueólogos no pueden traducir cada panel a una única historia. Su importancia reside en la variedad de imágenes, sus composiciones y su relación con un paisaje habitado durante milenios. La Unesco inscribió el conjunto en 1994 y reconoció su extraordinario repertorio artístico de la Edad del Bronce y su testimonio de la vida prehistórica europea.
La propiedad Patrimonio Mundial abarca unas 4.138 hectáreas y contiene más de 600 lugares conocidos con grabados, una de las mayores concentraciones de arte rupestre del norte de Europa. La Unesco sitúa la principal secuencia cultural en la Edad del Bronce nórdica, aproximadamente entre 1700 y 500 a. C., dentro de un paisaje más amplio de ocupación y uso humano que supera los ocho milenios. Las figuras se realizaron picando y desgastando el granito con herramientas de piedra. Hay desde marcas aisladas hasta paneles extensos y cuidadosamente organizados.