En Joggins, sobre la costa de la bahía de Fundy en Nueva Escocia, el litoral funciona como un archivo geológico que la erosión y las mareas dejan al descubierto. La Unesco inscribió los acantilados fósiles de Joggins en 2008 por conservar un registro excepcionalmente completo de la vida terrestre del Pensilvánico, etapa del Carbonífero conocida como la Edad del Carbón. El bien protegido abarca 689 hectáreas e incluye unos 14,7 kilómetros de afloramientos costeros. El visitante llega por el paisaje marino, pero la experiencia más reveladora consiste en leer las capas de roca como huellas de ambientes antiguos y no solo como telón de fondo.
Hace aproximadamente 300 millones de años, esta región se encontraba cerca del ecuador y sostenía extensos bosques húmedos. Con el tiempo, plantas y sedimentos se acumularon, quedaron enterrados y formaron parte de los estratos carboníferos visibles hoy. Joggins conserva troncos fósiles verticales en distintos niveles, además de restos de animales, plantas y rastros de actividad. Como aparecen dentro de las capas geológicas donde aquellos organismos vivieron y quedaron sepultados, los investigadores pueden reconstruir relaciones entre el bosque, los cursos de agua y los animales que lo habitaban. Es un registro de ecosistemas, no una colección de piezas inconexas.