El parque panorámico de Grand-Pré ofrece mucho más que una amplia vista de la cuenca de Minas, en Nueva Escocia. Desde su terreno elevado, el viajero puede interpretar la geografía esencial de un paisaje cultural de la UNESCO: marismas de marea transformadas en tierras agrícolas por comunidades acadianas, asentamientos compactos sobre terrenos altos y una costa gobernada por algunas de las mareas más grandes del mundo. La panorámica explica por qué Grand-Pré llegó a ser productivo, por qué mantener sus diques exigía cooperación y por qué este paisaje sigue siendo inseparable de la identidad acadiana.
Los colonos acadianos francófonos comenzaron a desarrollar la zona en el siglo XVII. Mediante diques de tierra y compuertas de madera llamadas aboiteaux, impedían el retorno del agua salada a la marisma y permitían el drenaje del agua dulce. Con el tiempo, los suelos recuperados sostuvieron explotaciones agrícolas sin la tala de bosques habitual en otros lugares. El sistema no fue una invención aislada ni una reliquia histórica terminada: las comunidades de los Planters y los agricultores posteriores conservaron y adaptaron estas tierras ganadas al mar.