El Álamo, en el centro de San Antonio, Texas, conserva una historia mucho más amplia que la batalla de 1836. Su origen fue la misión española San Antonio de Valero, parte de una red colonial de evangelización, agricultura y defensa donde interactuaron religiosos, soldados y comunidades indígenas coahuiltecas. Tras la secularización de la misión, el conjunto tuvo usos militares y recibió el nombre de Álamo. La iglesia y el Long Barrack son hoy los edificios más reconocibles que sobreviven de un recinto originalmente más extenso.
Entre el 23 de febrero y el 6 de marzo de 1836, el ejército mexicano dirigido por Antonio López de Santa Anna sitió la posición ocupada por rebeldes texanos e inmigrantes. El asalto final recuperó el recinto y acabó con casi todos sus defensores. La batalla se convirtió en símbolo de la Revolución de Texas y la frase Recordad el Álamo pasó a la cultura popular. La interpretación histórica actual incorpora también el periodo colonial español, la experiencia indígena, la independencia mexicana, la esclavitud y los intereses de quienes participaron en el conflicto. Desde 2015, el Álamo integra el conjunto de Misiones de San Antonio reconocido como Patrimonio Mundial.