El Museo de Taxila se encuentra en medio de un paisaje arqueológico al norte de Islamabad, en la provincia pakistaní del Punyab. No es solo un edificio lleno de hallazgos: está rodeado por restos de antiguos asentamientos, monasterios budistas y estupas repartidos por el valle de Taxila. Para el viajero, su ubicación lo convierte en un buen punto de partida. Las salas reúnen objetos excavados en distintos lugares, mientras el territorio permite entender que Taxila no fue una ciudad detenida en el tiempo, sino una sucesión de centros urbanos y comunidades religiosas.
La historia institucional del museo comenzó en 1918, cuando se colocó la primera piedra para conservar los descubrimientos de la región; la construcción terminó en 1928. Tanto el portal del gobierno del Punyab como la cobertura periodística en urdu relacionan su creación con las excavaciones del valle. Ese origen importa porque muchas piezas no son curiosidades aisladas: su valor depende del contexto en que aparecieron, de su relación con edificios y enterramientos y de lo que esos lugares permiten saber sobre los cambios en el poblamiento y la vida religiosa.