En Paquimé, las ruinas de una antigua ciudad emergen del desierto de Chihuahua con muros de tierra, no con grandes bloques de piedra. El material es parte de su importancia: la arquitectura compacta, las puertas en forma de T y los conjuntos planificados revelan una comunidad compleja, ubicada en una región que conectaba el norte de México con el mundo pueblo y Mesoamérica. El sitio también se conoce como Casas Grandes y fue inscrito por la UNESCO en la Lista del Patrimonio Mundial en 1998. Su arqueología invita a observar cómo se organizaron el agua, las viviendas, los oficios y el intercambio.
El INAH describe aldeas tempranas en la región de Casas Grandes desde alrededor del siglo VI, con comunidades de casas semisubterráneas cerca de manantiales y cursos de agua. El asentamiento se transformó a medida que cambiaban las técnicas constructivas y la organización social. Hacia 1200, la agricultura de riego permitió conjuntos residenciales mayores y un centro urbano más desarrollado. La UNESCO sitúa la evolución general de Paquimé entre aproximadamente 700 y 1475, con su auge en los siglos XIV y XV; estas fechas corresponden a etapas diferentes, no a una única fundación.