En la Patagonia chilena, el Parque Nacional Torres del Paine reúne cumbres de granito, glaciares, lagos y estepa en un mismo paisaje protegido. Sus famosas torres atraen todas las miradas, pero el parque es mucho más que un mirador: las rutas largas atraviesan valles, laderas expuestas al viento y bosques, mientras que caminatas breves conducen a orillas de lagos y cascadas. Las condiciones cambian con rapidez, y la visita más provechosa se organiza consultando los avisos vigentes de los senderos, no a partir de una imagen fija de la Patagonia. Esta guía repasa la historia del parque, sus rutas más conocidas y las comprobaciones prácticas que conviene hacer antes de salir.
El parque se encuentra en la Región de Magallanes y de la Antártica Chilena, en la provincia de Última Esperanza. Las fuentes turísticas chilenas describen una extensión de unos 227.000 hectáreas entre los Andes y la estepa patagónica. Sus contrastes son inmediatos: el macizo Paine y sus torres de granito se elevan sobre lagos como Grey, Pehoé, Nordenskjöld y Sarmiento; ríos y cascadas conectan sus cuencas, y los glaciares descienden del Campo de Hielo Patagónico Sur. Los guanacos suelen asociarse con la estepa y, en ocasiones, se observan cóndores sobre las montañas. Ver fauna nunca está garantizado: hay que observarla a distancia y no molestar a los animales.