El Parque Nacional Vatnajökull no se puede recorrer como una única parada. Su territorio protegido supera los 1,4 millones de hectáreas en el sureste y centro de Islandia e incluye el casquete glaciar de Vatnajökull y dos áreas protegidas contiguas. El glaciar por sí solo ocupa alrededor de 780.000 hectáreas. La Unesco inscribió el conjunto en 2019 por un sistema geológico excepcional, donde hielo, volcanes, zonas de rift y agua transforman el paisaje. Para quien viaja, esa escala tiene una consecuencia práctica: conviene elegir una región y planificar según sus carreteras, el tiempo y los servicios, sin dar por hecho que todos los lugares famosos están cerca. Skaftafell es una de las puertas más claras para entender este territorio.
El parque contiene diez volcanes centrales, ocho bajo glaciares; la Unesco señala que dos de estos volcanes subglaciares figuran entre los más activos de Islandia. La parte emergida de la dorsal mesoatlántica atraviesa el país y las placas tectónicas a ambos lados se separan unos 19 milímetros al año. Bajo Vatnajökull, calor, magma y hielo interactúan y hacen de la región un sistema dinámico. Esto no significa que vaya a producirse una erupción durante la visita, sino que explica los procesos geológicos que han creado montañas, campos de lava, bordes glaciares y ríos cambiantes.