En Þingvellir, la historia de Islandia y su geología se encuentran en un paisaje que puede leerse a pie. Un valle amplio se abre entre paredes rocosas, mientras los senderos atraviesan campos de lava hacia el lago Þingvallavatn. Allí se celebraba el Alþing, la asamblea de todo el país establecida hacia el año 930 y reunida en este lugar hasta 1798. El parque no es una aldea medieval reconstruida: sus huellas cubiertas de hierba, antiguos caminos y terreno abrupto son los vestigios de un lugar real de encuentro. La Unesco reconoce tanto la importancia cultural de la asamblea como el carácter geológico del valle de rift. Visitarlo es recorrer ley, memoria y una isla en transformación.
La historia en islandés que publica el parque explica que los líderes eligieron la zona de Bláskógar para la asamblea general y que la primera reunión tuvo lugar en Þingvellir durante el verano de 930. Durante siglos, el Alþing celebró aquí una breve sesión anual. Establecía leyes y resolvía disputas, mientras habitantes de toda Islandia viajaban para participar en la vida pública. El nombre del lugar significa «llanuras de la asamblea», una descripción directa de su función. Según la Unesco, las reuniones continuaron hasta 1798. Por ello, el sitio conecta la organización política temprana de la isla con un paisaje que aún ocupa un lugar central en la identidad islandesa.