En el extremo noroccidental de Sudáfrica, Richtersveld no es simplemente un desierto montañoso que se atraviesa o se fotografía. El Paisaje Cultural y Botánico de Richtersveld, inscrito por la Unesco, abarca 160.000 hectáreas donde las tradiciones pastoriles del pueblo Nama siguen vinculadas al ecosistema del Karoo suculento. Su valor cultural procede de una forma de vida adaptada a la escasez de agua y a los cambios estacionales, no de un monumento aislado ni de una atracción construida para el turismo.
Durante generaciones, los Nama han desplazado sus rebaños entre pastizales y puestos de pastoreo según las condiciones del territorio. La Unesco señala que estos patrones podrían tener hasta dos milenios de continuidad. Richtersveld es uno de los pocos lugares del sur de África donde aún se practica la trashumancia. El pastoreo forma parte de una relación viva con la tierra, y el paisaje cultural es de propiedad y gestión comunitarias.