En los áridos montes Kirthar de Sindh, lejos de cualquier ciudad, una muralla sube y baja por las montañas peladas hasta donde alcanza la vista. Es Ranikot, la "Gran Muralla de Sindh", y aspira con fundamento al título del fuerte más grande del mundo. Sus murallas trazan un circuito que suele medirse en torno a los 26 kilómetros —algunas estimaciones llegan más lejos— y encierran unos 65 kilómetros cuadrados de valle y cresta escarpados. De pie ante una de sus puertas, viendo la fortificación serpentear sobre la siguiente cumbre y desaparecer, es fácil comprender por qué los visitantes buscan de forma instintiva la comparación con la Gran Muralla China.
Lo más notable de Ranikot es lo poco que en realidad sabemos de él. Nadie puede decir con certeza quién lo construyó, ni exactamente cuándo, ni por qué. No hay ninguna ciudad en ruinas en su interior, ningún registro claro, solo teorías que se remontan a más de dos mil años. Unos lo atribuyen a los persas sasánidas, otros a los griegos, otros a los gobernadores abasíes del siglo IX, y la erudición local ha vinculado una inscripción hallada en el lugar con la época gupta, entre los siglos III y V. Mejor documentada está una gran reconstrucción de principios del siglo XIX: hacia 1812, bajo los gobernantes talpur de Sindh y la dirección del ministro Nawab Wali Muhammad Leghari, se reedificaron amplias secciones a un coste enorme de 1,2 millones de rupias, y por eso la mampostería de las puertas parece mucho más reciente que los antiguos muros que tiene detrás.