En el borde nororiental de la meseta Qinghai-Tíbet se extiende uno de los paisajes más extremos y menos alterados de la Tierra: una inmensidad ondulada de estepa de altura, lagos alpinos y permafrost situada casi por completo por encima de los 4.500 metros, donde las temperaturas permanecen bajo cero buena parte del año y apenas existe población permanente. Hoh Xil (también Kekexili) protege toda el área migratoria del antílope tibetano, uno de los mamíferos más emblemáticos y amenazados de la meseta, y fue inscrito como Patrimonio Natural de la UNESCO en 2017, colofón de una batalla de conservación librada literalmente a tiros en los años noventa.
El valor ecológico de Hoh Xil viene de su carácter extremo. La reserva abarca 3.735.632 hectáreas, con otras 2.290.904 ha de amortiguamiento, y es una de las mayores áreas silvestres protegidas de Asia. Por lo duro de sus condiciones y lo limitado del acceso, la meseta ha desarrollado un endemismo altísimo: más de un tercio de sus plantas no existe en ningún otro sitio, y casi todos sus mamíferos herbívoros son exclusivos del ecosistema de la meseta. Contiene además una de las mayores densidades de lagos de altura del planeta.