Preah Vihear ocupa el borde de una meseta en el norte de Camboya. Una sucesión de santuarios, caminos y escalinatas sigue el relieve hacia un escarpe con vistas sobre la llanura camboyana. La Unesco describe el conjunto como un templo dedicado a Shiva, organizado en un eje de unos 800 metros. Su historia se remonta a una ermita del siglo IX, mientras que el principal complejo conservado corresponde sobre todo a la primera mitad del siglo XI. Su arquitectura destaca tanto por la piedra tallada como por la manera en que el diseño religioso responde a la topografía.
El emplazamiento ha condicionado la imagen que muchos tienen del lugar: un templo al que se llegaba atravesando sucesivos umbrales, con el paisaje abriéndose al final. Esa imagen no debe ocultar la historia práctica y política de un espacio de culto activo. El santuario se desarrolló en distintas etapas, y la Unesco destaca una serie de estructuras sagradas conectadas, no una sola torre aislada. El recorrido, las escaleras y los pabellones incorporan el terreno a la arquitectura; no son simplemente un marco escénico.