Sobre Cuarenta Casas
Viviendas construidas en los acantilados de Chihuahua
En el escarpado municipio de Madera, Chihuahua, Cuarenta Casas conserva un asentamiento que convirtió abrigos naturales en arquitectura. El nombre no es un recuento exacto de edificios: el INAH explica que la denominación local alude de forma general a los numerosos abrigos arqueológicos de la región. Las estructuras más conocidas ocupan cuevas y salientes rocosos del paisaje de Huápoca, donde muros, vigas y pequeñas aberturas se adaptan al cañón y no a una cuadrícula urbana.
El INAH sitúa una ocupación importante hace unos ocho siglos, cuando Paquimé era un centro destacado de la región y los investigadores describieron posteriormente tradiciones materiales relacionadas como cultura Casas Grandes. Esa conexión integra Cuarenta Casas en un paisaje cultural más amplio, pero no significa que fuera simplemente un puesto subordinado a Paquimé. Sus constructores adaptaron cuevas y materiales locales para crear espacios de vivienda, reflejo de las decisiones de quienes habitaban las tierras altas del norte mexicano.
La ficha oficial describe 19 cuevas conocidas con estructuras arqueológicas. Cuatro figuran actualmente entre las abiertas al público: Cueva de la Ventana, Cueva del Puente, Cueva del Gato y Cueva de las Ratas. La Cueva de la Ventana concentra el mayor número de construcciones y, según el INAH, es la mejor acondicionada para la visita. La distinción es importante: Cuarenta Casas designa una zona extensa, no cuarenta viviendas que puedan recorrerse por dentro.
Arquitectura y señales de la vida cotidiana
En el interior de los abrigos, los constructores utilizaron tierra y materiales vegetales para levantar viviendas con varias habitaciones. El INAH describe capas sucesivas de tierra compactada, a veces reforzadas con grava, piedras pequeñas y elementos vegetales. Algunas paredes superiores incluían una estructura de varas y paja. Vigas de pino y techos de palma tejida formaban parte de la técnica constructiva, mientras que ventanas pequeñas y puertas organizaban los espacios y la circulación del aire. No eran campamentos improvisados, sino hogares diseñados.
Varias puertas tienen forma de T, rasgo conocido en la tradición arquitectónica regional de Casas Grandes. Sus dimensiones son pequeñas y las habitaciones responden a tareas prácticas. Los arqueólogos han documentado fogones de piedra y barro, depósitos grandes y graneros con forma de olla, aunque algunos están muy degradados. Los restos indican que se cocinaba y almacenaban alimentos dentro de los conjuntos, pero no permiten reconstruir con exactitud el tamaño de cada hogar ni las reglas de propiedad.
La arquitectura también responde a las condiciones del cañón. Los salientes rocosos ofrecían protección, pero las paredes aún debían estabilizarse, las habitaciones conectarse y los pisos irregulares aprovecharse. El paisaje resulta llamativo, aunque también recuerda que sus habitantes conocían la geología y las condiciones estacionales del entorno. Cuarenta Casas se entiende mejor como una combinación de terreno y construcción: la cueva no era solo el fondo escénico, sino parte de la propia vivienda.
De las primeras referencias a la protección arqueológica
Los testimonios escritos sobre la región aparecieron mucho después de la ocupación original. El INAH señala el libro de Álvar Núñez Cabeza de Vaca de 1526, conocido como Naufragios, como una referencia histórica temprana al área. El explorador noruego Carl Lumholtz visitó la región en 1890 y la describió en México desconocido. En la segunda mitad del siglo XX, el arqueólogo Robert Lister estudió el sitio al investigar los vínculos entre comunidades mesoamericanas y sociedades del suroeste de Estados Unidos.
En enero de 2002, Cuarenta Casas fue declarada oficialmente zona de monumentos arqueológicos. La protección abarca una red de asentamientos en cuevas, no una única fachada. También implica cuidar la manera de recorrer los restos: muros, vigas, hogares y superficies frágiles son evidencia arqueológica, no elementos decorativos. Mantenerse en las rutas autorizadas y respetar las reglas reduce el desgaste de estructuras que han perdurado gracias a su ubicación y técnica constructiva.
El propio portal del INAH advierte que sus contenidos se revisan de manera permanente y pueden cambiar sin previo aviso. La advertencia también es práctica: la zona arqueológica está fuera de la ciudad y conviene confirmar antes los datos de acceso y horario. Consulta la ficha vigente junto con cualquier guía fechada y, si necesitas organizar detalles sujetos a cambios, confirma con el Centro INAH Chihuahua.
Cómo organizar la visita a Cuarenta Casas
La página de Lugares INAH indica entrada gratuita para visitantes nacionales y extranjeros, y enumera estacionamiento, sanitarios y visitas guiadas entre los servicios. La dirección es carretera Ciudad Madera–Mesa del Huracán, kilómetro 42,5, en El Vallecito, municipio de Madera. Desde la ciudad de Chihuahua, la ruta indicada toma la carretera de cuota 16 hacia Ciudad Madera y continúa al norte, en dirección a Mesa del Huracán. Es un trayecto remoto: comprueba el estado de la vía y el clima antes de salir.
Hay una discrepancia en los horarios oficiales. La ficha de Lugares INAH indica martes a domingo, de 09:00 a 17:00, con último acceso a las 15:00; un boletín del INAH publicado en 2026 señala que el sitio abre de 09:00 a 15:00. Para organizarse con margen, considera las 15:00 como última hora de ingreso confirmada y consulta al centro local del INAH para saber cuándo cierra el día de tu visita. No dependas del horario más largo sin verificarlo.
El INAH identifica cuatro conjuntos de cuevas abiertos al público, pero el acceso se controla dentro de la zona arqueológica. Está prohibido fumar, entrar con alimentos o llevar mascotas; respeta las indicaciones del personal y no toques ni trepes sobre las construcciones frágiles. El atractivo está en el contraste entre las viviendas cuidadosamente levantadas y los acantilados que las protegen. Observa las puertas en T, las vigas conservadas y la relación con las cuevas: “Cuarenta Casas” nombra un paisaje con numerosos espacios arqueológicos, no una cifra literal.