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La sirenita

Conoce la Sirenita de Copenhague: la escultura de 1913, su vínculo con Andersen y un recorrido práctico por el paseo de Langelinie.

Coordenadas: 55.69286111, 12.59927778 Actualizado: 2026-10-05 Google Street View

Sobre La sirenita

Una pequeña escultura con un lugar perdurable en Copenhague

En el borde del puerto de Copenhague, una figura de bronce se sienta sobre una roca y mira hacia el agua. La Sirenita tiene una escala modesta, pero su entorno hace que la escultura resulte memorable: los barcos, los muelles y la amplitud de la costa forman parte de la escena. La obra está en el paseo de Langelinie, al noreste del centro histórico. Es un monumento al aire libre, no una pieza dentro de un museo; se conoce como parte de una caminata junto al puerto.

El escultor Edvard Eriksen realizó la estatua en 1913, y el cervecero y mecenas Carl Jacobsen la donó a la ciudad de Copenhague. Su inauguración, el 23 de agosto de 1913, inició una vida pública que ya supera un siglo. La figura se inspira en el cuento de Hans Christian Andersen, publicado por primera vez en 1837, pero es una escultura con identidad propia, no un decorado teatral ni una recreación de un personaje cinematográfico. Su pose serena y su emplazamiento junto al agua contribuyeron a convertirla en uno de los símbolos más reconocibles de la ciudad.

Del cuento de Andersen al bronce de Eriksen

La historia del encargo reúne literatura, danza y escultura. Jacobsen quedó cautivado por una adaptación en ballet del cuento de Andersen en el Teatro Real de Dinamarca y encargó a Eriksen una sirena para el puerto. La autoridad turística de la ciudad explica que Ellen Price, bailarina que interpretó el papel principal, inspiró el rostro de la estatua. Price no posó para la figura desnuda; Eline, la esposa de Eriksen, sirvió de modelo para el cuerpo. Estos datos ofrecen una historia más precisa que la fórmula habitual según la cual la estatua simplemente “es” la sirena de Andersen.

La fama no ha protegido al bronce de los daños. La guía oficial de visitantes de Copenhague registra varios actos de vandalismo: la estatua perdió la cabeza en dos ocasiones, sufrió el corte de un brazo y fue cubierta con pintura. Después de estos incidentes fue restaurada y devuelta a su emplazamiento portuario. Son episodios de su historia moderna, pero no deberían ocultar el contexto original: una obra encargada por un particular, donada para su exhibición pública y vinculada al patrimonio literario danés.

Langelinie también forma parte de la experiencia

La estatua se entiende mejor dentro del paisaje marítimo que la rodea. Langelinie surgió como línea exterior de defensa al este de Kastellet en el siglo XVII. Durante el XIX, la gente recorría esa franja costera a pie. La creación del Puerto Libre de Copenhague en la década de 1890 interrumpió aquella ruta; después, la ciudad habilitó un paseo público elevado junto al muelle y abrió la zona para el ocio. El paisaje portuario no es, por tanto, un fondo neutro: refleja los cambios en la relación de Copenhague con el transporte marítimo, la defensa y el acceso público al agua.

El paseo reúne otros monumentos relacionados con la navegación y la historia danesa, entre ellos el Monumento Marítimo a los marineros fallecidos en la Primera Guerra Mundial y un memorial al oficial naval Iver Huitfeldt. El plan municipal de conservación identifica a la Sirenita como la estatua más visitada de la zona, pero considera el paseo, el parque, la marina y las construcciones históricas como un conjunto cultural más amplio. Continuar hacia la fuente de Gefion o Kastellet convierte una parada para tomar una foto en una mirada más completa a este sector portuario.

Cómo planificar la visita

La ficha turística oficial sitúa la escultura en Langelinie, 2100 København Ø, y calcula unos 15 minutos a pie desde la estación Østerport, con metro y trenes S. Sigue las señales peatonales vigentes desde la estación hacia el litoral; el trayecto es al aire libre y está expuesto al viento y a los cambios del tiempo. La autoridad turística de Copenhague también señala que se puede observar la estatua desde un recorrido en barco por el puerto, una perspectiva diferente que no sustituye la caminata por el muelle.

La escultura está en un paseo público al aire libre, no dentro de un museo con entrada. La página turística oficial no publica un horario fijo ni un sistema de acceso por turnos, de modo que no hay una programación museística que reservar; aun así, obras temporales u operaciones portuarias pueden afectar el acceso. La ficha tampoco indica un precio de entrada separado. Consulta los avisos locales antes de desplazarte, sobre todo si coincide con un evento importante en el frente marítimo, y reserva tiempo para el recorrido: no es una atracción pensada para llegar en coche, tomar una foto y marcharse.

Espera encontrar un monumento compacto, no una estatua enorme que se eleva sobre el puerto. El contraste entre su tamaño y su reputación internacional forma parte de la visita. Llega con el cuento de Andersen en mente, observa hacia dónde mira la figura y luego sigue por Langelinie para descubrir las otras capas del paseo. Así, la visita a Copenhague revela algo más que una imagen conocida: conecta la escultura con un artista real, un encargo documentado y un puerto urbano todavía activo.