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Palacio Real de Nom Pen

Explora el Palacio Real de Phnom Penh: su origen en 1866, el Salón del Trono, la Pagoda de Plata y las normas prácticas para visitarlo.

Coordenadas: 11.563902, 104.9312521 Actualizado: 2026-10-06 Google Street View

Sobre Palacio Real de Nom Pen

Un recinto real construido junto con la capital moderna

En la ribera del centro de Phnom Penh, el Palacio Real de Camboya no es un museo dedicado a una corte desaparecida. Sigue siendo residencia real en funcionamiento, y el público solo puede recorrer la parte ceremonial del recinto. Esa distinción define la visita: los edificios, jardines y objetos religiosos se encuentran dentro de una institución activa cuyo acceso puede cambiar por actos oficiales. El palacio es un referente cultural, pero también forma parte de la vida actual de la monarquía camboyana.

La historia moderna del lugar está ligada al traslado de la capital. El Ministerio de Turismo de Camboya señala que el rey Norodom trasladó la capital de Oudong a Phnom Penh en 1866 y que poco después se trazó el palacio en el terreno ribereño que todavía ocupa. La mayoría de los edificios visibles datan de esa época o de reconstrucciones posteriores. El traslado explica su ubicación en el corazón de la capital contemporánea, aunque la historia real de Camboya es mucho más antigua.

El recinto no debe leerse como un único edificio de una sola época. Las construcciones, adaptaciones y restauraciones dieron forma a un conjunto de salones y espacios religiosos con fechas y funciones distintas. El Salón del Trono que se visita hoy, por ejemplo, quedó terminado en su forma actual en 1919. Es más acertado entender el palacio como una sede ceremonial y residencial que ha evolucionado con la historia política camboyana. El entorno urbano también forma parte de la experiencia. Phnom Penh se desarrolló cerca de la confluencia del Mekong, el Tonlé Sap y el Bassac, un lugar descrito en jemer mediante la idea de Chaktomuk, o cuatro caras. El palacio ocupa una posición destacada junto al río y cerca de otros lugares culturales del centro. La visita puede dar paso a un paseo más amplio por la capital, pero las normas internas y los posibles cierres impiden tratarlo como una parada garantizada dentro de un horario demasiado ajustado.

El Salón del Trono y el corazón ceremonial

Preah Tineang Tevea Vinichhay, conocido comúnmente como Salón del Trono, es uno de los edificios más reconocibles del complejo. El Ministerio de Turismo explica que allí se celebran coronaciones y bodas reales y se reciben embajadores. Su aguja central alcanza unos 59 metros y está rematada por una figura de Brahma de cuatro rostros. Estas funciones lo convierten en algo más que una fachada atractiva: es escenario de actos reales y estatales, por lo que el acceso público necesariamente es limitado.

Los espacios ceremoniales ayudan a comprender cómo la arquitectura comunica autoridad. La aguja central, los tejados y las siluetas superpuestas se observan desde los jardines, pero su significado no se reduce al ornamento. El diseño incorpora formas jemeres y simbolismo real, mientras que el recinto también incluye edificios que reflejan contactos históricos posteriores. Conviene distinguir entre la ruta abierta al público y las áreas privadas u oficiales. Una puerta cerrada no es una invitación a buscar otra entrada.

En el recinto se encuentra el pabellón Chanchhaya, asociado a actuaciones y actos formales, además de jardines que crean un ritmo más sereno que las calles circundantes. No todos los edificios permiten entrar y el palacio no es un museo de arte con galerías de libre acceso. El recorrido depende del protocolo y de las ceremonias. Respetar esos límites ayuda a entender el lugar como institución real, no a tratar cada edificio como una exposición. La fotografía está restringida en interiores sensibles. La información turística del Ministerio indica que no se permite fotografiar dentro del Salón del Trono ni de la Pagoda de Plata. Las reglas pueden controlarse en las entradas y las instrucciones del personal prevalecen sobre las expectativas habituales en una atracción turística. Quizá se puedan fotografiar jardines y fachadas, pero confirma los letreros del día. Guardar la cámara en las zonas restringidas protege tanto los objetos religiosos como la privacidad de los espacios ceremoniales.

La Pagoda de Plata, el Reamker y las colecciones reales

La Pagoda de Plata se conoce formalmente como Wat Preah Keo Morakot, o Templo del Buda Esmeralda. Su nombre en inglés alude a los más de cinco mil azulejos de plata que cubren el suelo interior. El pavimento no es solo una superficie decorativa: también explica por qué se exige cuidado a quienes visitan el edificio. La pagoda alberga el Buda Esmeralda, una pequeña figura de cristal de baccarat, y un Buda Maitreya de oro de tamaño natural que, según el Ministerio, pesa unos 90 kilos y está engastado con miles de diamantes.

El claustro que rodea la pagoda conserva un mural del Reamker, versión camboyana vinculada a la tradición del Ramayana. El Ministerio indica que las pinturas datan de la década de 1900; algunos tramos se han restaurado y otros mantienen el desgaste. El mural aporta una dimensión narrativa al conjunto y conecta los espacios religiosos y cortesanos con una historia conocida en distintas formas por Asia meridional y sudoriental. Su estado también hace visible el trabajo de conservación: la restauración no elimina la antigüedad, y el desgaste forma parte de la historia documentada de la obra.

Otro edificio llamativo es el pabellón Napoleón III, una estructura de hierro fundido que Francia regaló al rey Norodom en la década de 1870, según el Ministerio de Turismo. El material europeo contrasta con los tejados y patios jemeres. En vez de considerarlo una rareza sin contexto, puede leerse como huella de los intercambios diplomáticos del siglo XIX. El contraste entre pabellón, templo y salón del trono convierte el complejo en un testimonio de relaciones culturales cambiantes, además de sede de ceremonias reales.

Cómo preparar una visita respetuosa y realista

El Palacio Real está en el bulevar Samdach Sothearos, junto al Museo Nacional y cerca del río. Es habitual llegar en tuk-tuk o taxi; también se puede caminar desde barrios próximos, aunque el calor, el tráfico y las aceras irregulares influyen en el trayecto. Confirma la entrada y el recorrido vigente antes de salir. Si piensas combinar el palacio con el museo o un paseo fluvial, deja margen: una ceremonia oficial puede cerrar el recinto con poca antelación.

El perfil oficial del Ministerio de Turismo consultado para esta guía no ofrece un horario ni un precio de entrada actual que se pueda citar con seguridad. Algunas páginas independientes repiten horas y tarifas concretas, pero las condiciones del palacio pueden cambiar y esos datos no deben presentarse como garantizados. Comprueba la información vigente mediante canales oficiales de turismo camboyanos o en la entrada antes de viajar. No des por hecho que el horario de una guía antigua se aplicará el día de la visita.

Viste de manera discreta y cubre hombros y rodillas; el Ministerio señala que el código de vestimenta se aplica. Si la ropa no es adecuada, pueden denegar el acceso o pedir que se consiga una prenda para cubrirse. Quítate el calzado donde lo indiquen, mantén distancia de quienes rezan y no toques objetos sagrados o reales. Durante ceremonias algunas zonas pueden cerrarse o cambiar el recorrido. Las funciones principales del palacio son residencia y ceremonia; las restricciones forman parte del lugar, no son una molestia creada para los turistas.