Hamat Tiberias: un mosaico sinagogal junto a los manantiales
Un mosaico y un manantial en el mismo parque
En el acceso meridional a Tiberíades, cerca de la orilla occidental del mar de Galilea, Hamat Tiberias reúne varias historias en un parque nacional pequeño. El agua caliente brota de la tierra, una sinagoga conserva un zodiaco y símbolos judíos en el suelo, y un baño del siglo XVIII documenta una forma posterior de aprovechar el mismo recurso. No pertenecen a un momento único. El lugar se comprende al leer los manantiales y los edificios como capítulos sucesivos.
La Autoridad de Naturaleza y Parques de Israel describe diecisiete manantiales termominerales, con agua que emerge cerca de los sesenta grados Celsius. Buena parte se conduce bajo tierra hacia establecimientos de baño; un vaso público y el vapor visible recuerdan su presencia dentro del área arqueológica. El parque no es simplemente el complejo termal comercial vecino. Su principal espacio histórico es la antigua sinagoga, que conserva un pavimento de una comunidad judía de época romana y tardía.
El agua ayuda a explicar la importancia de la vieja Hamat y de Tiberíades, pero no convierte cada resto en instalación balnearia. La autoridad identifica también vestigios de termas romanas al sur del sitio y un hammam otomano posterior. Son tecnologías y mundos sociales diferentes. Entre ambos, la sinagoga ofrece una imagen sorprendente: un edificio religioso cuyo suelo contiene motivos que muchos lectores relacionarían con otra tradición artística.
La sinagoga de Severo y su suelo en tres franjas
La historia oficial distingue tres fases de la sinagoga. El primer edificio se fundó hacia el año 230 de nuestra era sobre una estructura pública anterior. La sinagoga siguiente, de los siglos III y IV, dejó el rico mosaico que hoy se protege para visitantes. El pavimento se ordena en tres franjas. En una, dos leones flanquean inscripciones griegas dedicadas a donantes; en el centro, un zodiaco rodea a Helios, dios solar sobre su carro; al otro extremo aparecen un arca y objetos rituales judíos, entre ellos menorás.
Las cuatro figuras femeninas de las esquinas representan estaciones del año. Las inscripciones importan porque devuelven la obra a una comunidad de personas que contribuyeron a levantarla, lejos de una moda decorativa sin autores. Una menciona a Severo, de donde procede el nombre habitual de la sinagoga. El texto no ofrece la biografía completa de ese hombre ni prueba que el griego fuera la única lengua de la población.
La presencia de Helios en una sinagoga invita a preguntar por imagen y creencias en la Antigüedad tardía. La autoridad del parque señala motivos zodiacales semejantes en otros templos judíos; la combinación con menorás y arca sitúa el pavimento en un espacio religioso judío. Es más útil observar esa convivencia de imágenes que suponer que unas anulan a otras. La conservación permite contemplar la obra bajo techo, mientras gran parte de la antigua ciudad sigue sin estar completamente expuesta.
Oración posterior y hammam de Suleimán
La sinagoga no quedó detenida en la segunda fase. Según el relato del parque, un terremoto probablemente la destruyó a comienzos del siglo V y se levantó otra estructura mayor sobre sus restos. Aquel edificio posterior tuvo cambios durante siglos. Las diferencias de nivel y los trazos constructivos muestran un espacio religioso reconstruido una y otra vez, no una sala perfecta llegada intacta hasta hoy.
También perduró el baño. La autoridad fecha el hammam de Suleimán en 1780, bajo el gobierno de Ahmad al-Jazzar. Según su cronología, atendió a habitantes de la región y a personas atraídas por los manantiales hasta 1944. Hoy conservado, sirve para explicar las costumbres históricas del baño. Sus cúpulas y espacios cerrados pertenecen a una etapa otomana; no deben confundirse con las termas romanas originales.
En el margen meridional del parque hay vestigios de baños romanos cuya excavación todavía es parcial. Esa condición forma parte de la historia: el paisaje visible es una selección de aquello a lo que ha llegado la arqueología y que la conservación puede mostrar. El atractivo de las piscinas termales actuales no debería borrar la incertidumbre sobre lo enterrado. Tampoco las antiguas creencias sobre propiedades curativas prueban eficacia médica para una enfermedad concreta.
Acceso y condiciones que conviene confirmar
El operador sitúa la entrada desde la carretera 90, al sur de Tiberíades, cerca de los hitos kilométricos 412 y 413. Su página vigente indica apertura de 8:00 a 17:00 de domingo a martes y el sábado; hasta las 21:00 miércoles y jueves; y hasta las 16:00 viernes y vísperas festivas, con excepciones en ciertas fiestas. La última entrada es una hora antes del cierre, y las piscinas se vacían para limpiarlas antes de terminar la jornada. Confirme las condiciones del día.
La autoridad ofrece reserva previa y señala que asegura plaza en la franja elegida. El acceso, parte de los caminos, la sinagoga y los vestuarios cuentan con adaptaciones, aunque los suelos no son idénticos. Tarifas y actividades pueden variar: consulte la plataforma oficial de reservas en lugar de copiar el precio de una guía antigua. Tiberíades permite ampliar el recorrido, pero cada lugar tiene sus propios horarios y restricciones.
El aviso británico actualizado el 27 de octubre de 2026, vigente el día 29, advierte que el conflicto regional puede escalar y que las condiciones de viaje cambian con rapidez. Sus prohibiciones más severas se refieren a áreas delimitadas; no equivalen a decir que Tiberíades está cerrada en bloque. Atienda las indicaciones oficiales de seguridad y las del parque antes de considerar un desplazamiento. En Hamat Tiberias, mosaico, hammam y manantiales merecen miradas distintas: juntos revelan siglos de oración, usos del agua y conservación.