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Santuario de Nuestra Señora de Las Lajas

Conoce el Santuario de Las Lajas, cerca de Ipiales: su templo neogótico sobre el cañón del Guáitara, historia, teleférico y cómo llegar.

Coordenadas: 0.805333, -77.585989 Actualizado: 2026-10-05

Sobre Santuario de Nuestra Señora de Las Lajas

Un santuario sobre el cañón del Guáitara

El Santuario de Nuestra Señora de Las Lajas se alza en un cañón profundo a las afueras de Ipiales, en el departamento colombiano de Nariño, cerca de la frontera con Ecuador. Su emplazamiento no es un telón de fondo añadido después: el templo se levanta sobre el río Guáitara, integrado a un puente de dos arcos y a las paredes empinadas de roca. La parroquia sitúa el santuario a unos siete kilómetros de Ipiales y a once del puente internacional de Rumichaca. Esa geografía forma parte de la visita, que combina el viaje por los Andes del sur con el descenso desde el poblado hacia el santuario.

Para los peregrinos católicos, es un lugar de devoción a Nuestra Señora de Las Lajas; para otros visitantes, el entorno y la arquitectura tienen igual fuerza. La autoridad turística de Nariño describe una tradición de peregrinación que se remonta al siglo XVIII. Presenta la supuesta aparición de 1754 como una tradición religiosa, no como un hecho histórico que pueda verificarse de manera independiente. Mantener clara esa diferencia permite comprender tanto la fe viva de los peregrinos como la historia documentada del edificio sin convertir una creencia en una afirmación comprobada.

De una devoción local a un templo monumental

Según la tradición local recogida por el departamento, en 1754 la indígena María Mueses y su hija Rosa buscaron refugio de una tormenta en el cañón. El relato cuenta que Rosa vio una imagen de la Virgen en una roca y habló, aunque se la describía como sordomuda. Con el tiempo, un refugio sencillo y varias capillas sucesivas dieron paso a un destino de peregrinación. El templo actual se construyó entre 1916 y 1949, después de distintas etapas de edificación en el lugar.

La iglesia terminada es neogótica, de piedra gris y blanca, con tres naves que se elevan sobre un puente de dos arcos sobre el río. La autoridad de Nariño atribuye el diseño definitivo al arquitecto italiano Abraham Giacometti y a Lucindo Espinosa, tras una propuesta románica anterior de Gualberto Pérez. También identifica vitrales diseñados por el alemán Walter Wolf y una cripta de estilo románico. La torre alcanza aproximadamente cien metros desde la base, una presencia vertical que se aprecia tanto desde los caminos del cañón como desde el poblado situado arriba.

Fe, patrimonio y un lugar que sigue en uso

En los muros del santuario se conservan exvotos y otros objetos que expresan agradecimiento o devoción. No son piezas escenográficas de museo, sino parte de una práctica religiosa vigente. El departamento reconoce la iglesia como monumento nacional desde 1984 y Bien de Interés Cultural de la Nación desde 2006. Las peregrinaciones tienen especial importancia durante las fiestas del 15 y 16 de septiembre, cuando la parroquia y la comunidad reciben a los fieles. En esas fechas se percibe con mayor intensidad la vida espiritual del sitio, aunque las multitudes y los oficios especiales pueden afectar los accesos y el transporte.

La parroquia publica horarios de misa, que no deben confundirse con un horario general de apertura turística. Al revisar esta guía, la información indicaba servicios de lunes a viernes a las 7:00, 9:00 y 11:00, y a las 15:00 y 17:00; los sábados a las 7:00, 9:00 y 11:00, y a las 14:00 y 17:00, con bautizos a las 10:00 y matrimonios a las 15:00; y los domingos a las 7:00, 8:00, 9:00, 10:00 y 11:00, al mediodía, y a las 14:00, 15:00 y 17:00. Las celebraciones especiales pueden cambiar el calendario; confirme con la parroquia antes de organizarse en torno a una misa.

Cómo llegar y elegir el recorrido

Desde Ipiales, la parroquia calcula unos siete kilómetros hasta el santuario y señala que el taxi colectivo desde la terminal de transporte tarda alrededor de quince minutos. El transporte público local conecta el centro con la estación del teleférico. El templo está a unos 80 kilómetros de Pasto y a once del paso fronterizo de Rumichaca. La parroquia también sitúa el aeropuerto San Luis, cerca de Ipiales, a unos ocho kilómetros del santuario; el trayecto y su duración dependen de las condiciones actuales de la vía y del transporte. Quienes cruzan desde Ecuador deben consultar con las autoridades los requisitos migratorios vigentes.

Inaugurado en 2015, el teleférico de Las Lajas conecta la parte alta del poblado con la zona cercana al santuario. La parroquia describe un trayecto aproximado de 1,4 kilómetros y unos 18 minutos sobre el cañón del Guáitara. Actualmente publica servicio todos los días de 8:00 a 19:00 y tarifas en pesos colombianos: 14.000 por trayecto para niños de cinco a doce años y adultos de 62 años o más; el regreso promocional para adultos figura a 17.000 por trayecto, 34.000 en total; y el trayecto individual para adultos, a 20.000. Cada dirección requiere un tiquete distinto; verifique los precios antes de viajar.

Quien no use el teleférico puede llegar por carretera al poblado y continuar a pie por los caminos y escaleras que descienden hacia la iglesia. La parroquia describe una escalinata amplia; la ruta concreta y el esfuerzo dependen del punto donde deje el transporte. Use calzado cómodo y reserve tiempo para bajar y volver a subir. En la información oficial consultada no se confirmó un precio general de entrada al templo ni un horario turístico de apertura durante todo el día, así que no tome los horarios de misa como horarios de visita. Revise los avisos parroquiales, sobre todo durante fiestas, obras o peregrinaciones multitudinarias.

Las Lajas se entiende mejor como un lugar con varias historias simultáneas: una obra neogótica, un paisaje de cañón, una secuencia documentada de construcción y un centro de peregrinación vivo. Uno de sus rasgos más memorables es la composición conjunta del puente, el río y el templo; la devoción vinculada a la imagen aporta un significado que va más allá de la vista. Organice con antelación el transporte y el teleférico, confirme los avisos de culto o servicio y deje tiempo para recorrer el entorno sin prisa, en vez de tratar el santuario como una parada fugaz junto a la carretera.