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Sitio arqueológico de Pinkuylluna

Sube a Pinkuylluna sobre Ollantaytambo para ver almacenes incas, el relieve de Tunupa y una ruta gratuita con datos prácticos.

Coordenadas: -13.2576244, -72.2624257 Actualizado: 2026-10-03 Google Street View

Sobre Sitio arqueológico de Pinkuylluna

Un archivo de piedra sobre una ciudad inca viva

Al otro lado del río respecto del sector monumental de Ollantaytambo, Pinkuylluna asciende por una ladera empinada cuyos edificios de piedra se distinguen desde el pueblo. El sitio arqueológico no es solo un mirador: sus recintos rectangulares y terrazas forman parte del paisaje de la antigua población inca. Desde el sendero se aprecia la relación entre las construcciones elevadas de almacenamiento, el trazado urbano, los andenes agrícolas y las rutas que confluyen en el Valle Sagrado.

El inventario turístico del Perú sitúa el lugar a unos 2.851 metros de altitud y describe dos sectores arquitectónicos. El sector A, el más cercano al poblado, reúne doce recintos sobre plataformas que también contienen el terreno. El sector B incluye tres edificios rectangulares, alargados y de dos niveles, dispuestos en paralelo, junto a andenes menores. La página municipal identifica las construcciones principales como estructuras que probablemente fueron qollqas o depósitos; es más preciso hablar de esa función probable que llamar granero a toda ruina de la montaña.

Pinkuylluna suele explicarse como el lugar donde se toca el pinkuyllu, instrumento andino de viento. El inventario atribuye esa interpretación al historiador Víctor Angles Vargas y señala que se desconoce desde cuándo se usa el nombre. Las tradiciones toponímicas enriquecen el recorrido, pero conviene distinguirlas de la arquitectura documentada y de las historias asociadas a la montaña.

El diseño de los depósitos y la conservación de alimentos

Los edificios se apoyan en terrazas que siguen la pendiente, en lugar de aplanar la ladera. La ficha municipal describe piedra rústica unida con mortero de barro, enlucidos de arcilla amarilla en algunos recintos y conductos de ventilación en estructuras relacionadas con el almacenamiento. Estos rasgos responden al problema práctico de conservar productos, mientras que la ubicación elevada separaba las provisiones del espacio habitado más denso. También hacía visibles los recursos del Estado sobre el asentamiento.

Las qollqas formaban parte de un sistema inca más amplio para reunir, guardar y redistribuir productos agrícolas. La posición de Pinkuylluna sobre Ollantaytambo invita a preguntarse quién producía esos alimentos, cómo se transportaban y qué relación tenía el pueblo con las comunidades próximas. Los recintos conservados no responden por sí solos a todas esas preguntas ni prueban qué cultivo se guardó en cada uno. Es más riguroso hablar de una función probable que atribuir a cada edificio un contenido o una rutina administrativa concreta.

Los registros arqueológicos describen evidencias de varios periodos en la zona, entre ellas cerámica asociada con el periodo Killke y entierros que el inventario relaciona de manera tentativa con el Horizonte Medio y los wari. Esto apunta a una historia por capas, no a un único momento de construcción y uso. No todo objeto o estructura debe etiquetarse como inca: considerar la secuencia ayuda a entender por qué los arqueólogos son prudentes con las fechas y asociaciones.

Tunupa, andenes y un mirador que explica el valle

En la ladera, una gran pared rocosa recuerda el perfil de una persona y se vincula localmente con Tunupa, figura de la tradición oral andina. La página turística municipal describe un relieve identificado con Tunupa o Wiracochan cerca del sendero. Es parte de la interpretación local, no una explicación única que todos deban aceptar sobre la forma de la montaña. Las terrazas, las construcciones y las vistas pueden observarse junto con los relatos que acompañan el lugar.

Desde arriba, las calles y los andenes de Ollantaytambo completan la lectura. Pinkuylluna se orienta hacia el sector monumental y está en un valle donde el Patakancha confluye con el Urubamba. El mirador ayuda a entender que la ciudad inca era a la vez un asentamiento y un paisaje organizado. Almacenamiento, agua, caminos y cultivo estaban conectados; la ladera resulta valiosa porque permite mirar esos elementos en conjunto.

En el mapa la caminata parece breve, pero en la práctica exige esfuerzo. El inventario turístico indica un acceso peatonal de 300 metros y unos veinte minutos desde el pueblo; la ficha municipal calcula alrededor de una hora para la visita integral. La diferencia puede deberse a que una cifra mide solo el acceso y la otra todo el recorrido. La pendiente, la altura, las pausas y el tiempo para observar también influyen. Conviene planear una subida atenta, no una carrera contrarreloj.

Entrada libre, horarios y una subida responsable

El inventario público de turismo indica ingreso libre durante todo el año y un horario de visita de 07:30 a 16:30. La página municipal describe una puerta de entrada en la calle Lares K’icllu, una caseta de registro, escalinatas restauradas, barandas de madera, zonas techadas de descanso y señales. Añade que la municipalidad distrital y la Dirección de Cultura de Ollantaytambo administran el recurso. Son datos publicados, no una garantía de que todos los tramos estén abiertos después de lluvias o durante trabajos de conservación.

El mismo inventario registra una muestra de visitantes de 2024: 8.550 extranjeros, 7.020 peruanos y 90 excursionistas locales. Es un recuento de muestra fechado, no una estimación diaria en tiempo real ni prueba de que el camino esté vacío. Como Ollantaytambo atrae público a su fortaleza más conocida, Pinkuylluna ofrece otra perspectiva a quienes se preparan para una ruta expuesta y respetan las indicaciones locales.

Lleva agua, protección solar y calzado con buen agarre: la altura y los escalones irregulares pueden hacer exigente una subida corta. No cruces barreras, no trepes por muros frágiles ni sigas por cornisas sin señalizar para tomar fotografías. Revisa los avisos de acceso, sobre todo tras lluvias fuertes, y confirma el horario antes de salir. La recompensa de Pinkuylluna no es solo la panorámica: desde la ladera, depósitos, andenes y pueblo aparecen como partes de un mismo paisaje arqueológico.