En la empinada montaña situada frente al sector monumental de Ollantaytambo, Pinkuylluna conserva edificios rectangulares incas interpretados habitualmente como qollqas o depósitos. Su emplazamiento elevado y ventilado ayudaba a proteger el maíz y otros bienes de la humedad y las plagas, al tiempo que mantenía los recursos del Estado visibles sobre un asentamiento estratégico. La subida ofrece además una lectura excepcional del trazado urbano inca y de las rutas del valle.
El inventario turístico peruano sitúa el sector a unos 3.350 metros de altitud y registra también restos funerarios, muchos alterados en el pasado. No todas las ruinas de la ladera fueron graneros, y el conocido perfil de un rostro en la montaña forma parte de una interpretación local vinculada con Tunupa. Distinguir entre la arqueología del almacenamiento, los contextos funerarios y la tradición oral permite valorar cada elemento con mayor rigor.