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Teppe Hasanlu

Conoce Hasanlu, cerca de Naqadeh: un largo registro arqueológico y una destrucción del siglo IX a. C. que preservó uno de los célebres vasos de oro iraníes.

Coordenadas: 37.0043469, 45.4588338 Actualizado: 2026-10-05 Google Street View

Sobre Teppe Hasanlu

Un asentamiento en el noroeste de Irán

Teppe Hasanlu se levanta en la llanura de Solduz, en la provincia iraní de Azerbaiyán Occidental, al suroeste del lago Urmia y cerca de la actual ciudad de Naqadeh. No es el nombre de un palacio o templo aislado: el tell es una elevación formada por ocupaciones sucesivas. Su valor arqueológico reside en las capas de viviendas, edificios públicos, enterramientos y objetos que permiten seguir la transformación de distintas comunidades a lo largo de muchos siglos. Su historia tampoco puede reducirse a una sola pieza célebre.

El sitio ocupa una región de valles y rutas que conectaban la meseta iraní con las tierras altas occidentales y el entorno del lago Urmia. La nota en persa del Museo Nacional de Irán sitúa el montículo junto a la aldea de Hasanlu, a unos siete kilómetros de Naqadeh. Esa ubicación ayuda a entender por qué los investigadores relacionan el asentamiento con otras comunidades del valle y con potencias regionales, en vez de describirlo como un punto aislado. El paisaje también forma parte de la evidencia: la agricultura, los desplazamientos y la defensa condicionaron la ocupación del área.

Hasanlu suele presentarse a partir de su cuenco de oro, pero el registro de las excavaciones revela un lugar mucho más complejo. Las tradiciones cerámicas, los planos arquitectónicos y las prácticas funerarias cambiaron con el tiempo. Algunas fases tempranas se interpretan junto con yacimientos cercanos como Haji Firuz; por eso no conviene hablar de una ciudad ocupada sin interrupciones desde la prehistoria. La lectura más rigurosa es la de una sucesión de asentamientos, pausas y regresos, con periodos documentados de manera desigual.

Las excavaciones reconstruyen una larga cronología

En Hasanlu hubo trabajos arqueológicos antes del proyecto internacional más conocido. Se realizaron exploraciones breves en la década de 1930 y nuevamente a fines de los años cuarenta. Entre 1956 y 1977, un equipo del Museo de la Universidad de Pensilvania, el Museo Metropolitano de Arte y el Servicio Arqueológico de Irán investigó Hasanlu y otros lugares del valle. El objetivo no era reunir únicamente objetos llamativos, sino establecer una secuencia cultural controlada que permitiera explicar la evolución regional durante la prehistoria.

La estratigrafía resultante registra varias etapas. La cerámica pintada y otros materiales documentan comunidades del cuarto y tercer milenio antes de nuestra era; las capas posteriores reflejan cambios en los enterramientos, los recipientes y la arquitectura. A fines del segundo milenio a. C., la cima de la ciudadela albergó construcciones monumentales. Uno de los edificios tenía una gran sala columnada; también se documentaron rampas de acceso, una pequeña puerta para carros y vestigios relacionados con caballos y transporte rodado. Estos hallazgos evidencian organización, pero no identifican a todos los gobernantes ni explican cada función.

El asentamiento más conocido de Hasanlu pertenece a la Edad del Hierro. En torno a un patio abierto se dispuso un conjunto importante de edificios, con fachadas y habitaciones que sugieren una planificación deliberada. Su posición era estratégica entre vecinos poderosos, entre ellos Asiria y Urartu, aunque las etiquetas políticas deben emplearse con cautela: la arquitectura y los objetos excavados no componen una narración escrita completa. No se encontraron tablillas. Fragmentos de recipientes y objetos de piedra conservan algunos nombres asociados con Asiria y Elam, pistas valiosas pero incapaces de sustituir el archivo ausente.

El incendio, el cuenco y lo que aún no sabemos

A fines del siglo IX o comienzos del VIII a. C., un ataque repentino destruyó por el fuego los edificios centrales. Los arqueólogos no han identificado quién lo perpetró. La rapidez del episodio dejó numerosos objetos donde estaban guardados o se utilizaban: herramientas, armas, joyas, recipientes de metal y cerámica, sellos, marfil, vidrio, madera y piedra. En los niveles quemados se registraron más de 7.000 piezas. Para sus habitantes fue una catástrofe; para la investigación, las habitaciones derrumbadas conservaron una imagen excepcional de la vida cotidiana.

El cuenco de oro apareció en 1958 entre los escombros de un edificio incendiado de la ciudadela, junto con restos humanos y otros objetos de valor. Su decoración en relieve se organiza en registros narrativos con figuras y escenas relacionadas con tradiciones artísticas de Mesopotamia y Anatolia. Los especialistas han propuesto distintas lecturas de esas imágenes y advierten que algunas identificaciones siguen siendo interpretativas. Es más preciso describirlo como una obra extraordinaria de la metalurgia regional que afirmar que representa un mito o una batalla identificados de forma concluyente.

El incendio no puso fin a la historia de Hasanlu. Tras un periodo de abandono, los urartianos ocuparon el lugar y construyeron una fortificación considerable, con torres y contrafuertes. Es probable que esa fortaleza se abandonara a fines del siglo VII a. C.; después hubo otro intervalo, antes de una última ocupación antigua en época aqueménida y parta temprana. La secuencia permite estudiar continuidades y rupturas entre imperios. También explica por qué el montículo no corresponde a una sola fecha: conserva huellas de comunidades separadas por pausas prolongadas.

Qué conviene saber antes de viajar

Hasanlu se encuentra cerca de Naqadeh, en Azerbaiyán Occidental, pero las fuentes públicas fiables consultadas para este artículo no ofrecen un horario vigente, precio de entrada ni garantía de acceso al área arqueológica. La nota persa del Museo Nacional indica la ubicación a escala de aldea, pero no es un aviso para visitantes. Antes de desplazarte, confirma el acceso y las condiciones locales con la autoridad patrimonial correspondiente o con un contacto local de confianza. Que no haya un horario publicado en línea no demuestra que el lugar esté abierto ni que esté cerrado.

Es mejor entender la visita como una aproximación al paisaje y al contexto arqueológico, no como una exposición museística amueblada. El famoso cuenco se estudia en fuentes académicas y museísticas, pero eso no significa que esté expuesto en el montículo; el Museo Nacional de Irán lo ha presentado en exposiciones, y la ubicación actual de la pieza puede cambiar. Si ya tienes previsto viajar por la región, combina la información local confirmada con expectativas realistas sobre lo que se puede ver al aire libre. No des por hecho que el hallazgo más famoso estará en el propio yacimiento.

Para quien se interesa por el Irán antiguo, Hasanlu recompensa tanto la atención a las pruebas como la fascinación por los objetos. La secuencia del asentamiento, los edificios quemados, la fortificación posterior y el cuenco de oro iluminan preguntas distintas, pero ninguno explica por sí solo toda la historia. Lo más atractivo no es una leyenda sobre una ciudad perdida, sino el registro documentado de personas, construcciones y objetos sorprendidos por una crisis. Las dudas que siguen abiertas forman parte del pasado del sitio; no son invitaciones a inventar explicaciones.