En el escarpado paisaje de la provincia de Syunik, donde las montañas parecen cerrarse sobre los valles profundos, se alza la fortaleza de Baghaberd. Este complejo defensivo no es solo una ruina de piedra; es el símbolo de la última resistencia de un reino y el testigo mudo de una de las mayores tragedias culturales de la historia armenia. Situada a unos 14 kilómetros al noroeste de la ciudad de Kapan, Baghaberd aprovechó la geografía hostil del Cáucaso para convertirse en un refugio que, durante siglos, se consideró inexpugnable.
La historia de Baghaberd se entrelaza con las crónicas de la antigua Armenia. Aunque algunas leyendas atribuyen su fundación a figuras míticas de la genealogía armenia, los registros históricos más sólidos sitúan su relevancia ya en el siglo IV d.C. En aquel entonces, la fortaleza servía como un punto de control vital en la ruta que conectaba las tierras altas con los valles fluviales.