En la isla de Gorea, frente a Dakar, la Casa de los Esclavos es un edificio pequeño con una presencia que supera sus habitaciones. Se llega a pie desde el desembarcadero y se entra en un espacio asociado a la memoria de la trata atlántica. La isla entera es Patrimonio Mundial de la Unesco: fortalezas, calles, plazas y viviendas conservan capas de los periodos de dominio portugués, neerlandés, inglés y francés. La visita no es solo arquitectónica, sino también un encuentro con las formas de recordar la historia.
La Unesco describe Gorea como un importante centro del comercio de esclavos en la costa africana entre los siglos XV y XIX, y la presenta como lugar de memoria y reconciliación. La isla ingresó en la Lista del Patrimonio Mundial en 1978. La Casa es uno de sus memoriales más conocidos, pero el reconocimiento de la Unesco corresponde al conjunto histórico de la isla; no significa que cada detalle del relato popular sobre este edificio esté confirmado por la arqueología.