El castillo de Harlech, Castell Harlech en galés, se alza sobre un promontorio rocoso y escarpado junto a la localidad homónima, en el noroeste de Gales. Desde sus murallas se contemplan la llanura costera, las dunas y las montañas de Eryri, conocidas antes en inglés como Snowdonia. La línea de costa que en otro tiempo permitía llegar directamente por mar se desplazó y dejó la fortaleza separada del agua. Ese cambio no es solo un telón de fondo: ayuda a entender la elección del emplazamiento y el valor estratégico de su geografía.
El rey Eduardo I ordenó construir el castillo durante su campaña de conquista de Gales. Las obras comenzaron en 1282 y terminaron en 1289 bajo la dirección de Master James of St George, el principal arquitecto militar del monarca. Cadw describe el resultado como un diseño compacto de «murallas dentro de murallas», protegido por las pendientes y un recinto interior sólido. Harlech formaba parte de una red de fortalezas reales, no era un palacio medieval aislado. Su piedra permite leer el objetivo político: la Corona instaló una presencia militar permanente en una región que resistía el dominio inglés.