Al cruzar uno de los cuatro puentes que conectan con la isla Széchenyi, en el lago del Parque de la Ciudad (Városliget), el visitante se enfrenta a una ilusión óptica monumental. Ante sus ojos se alzan torres góticas, portales románicos y palacios barrocos, todo fusionado en una sola estructura. Es el Castillo de Vajdahunyad (Vajdahunyad vára), una edificación que no debería existir, o al menos, no de esta forma.
Conocido oficialmente como el "Grupo de Edificios Históricos", esta obra maestra del arquitecto Ignác Alpár es mucho más que una atracción turística en el Distrito XIV de Budapest; es la historia de Hungría contada en piedra, ladrillo y, curiosamente, cartón.