En el centro de la pequeña localidad portuguesa de Batalha, el Monasterio de Santa Maria da Vitória se alza frente a una amplia plaza con una seguridad arquitectónica que revela su propósito político. El rey João I ordenó fundar el convento dominico después de la victoria portuguesa de Aljubarrota en 1385, una batalla que aseguró su derecho al trono y contribuyó a preservar la independencia del reino. El monasterio fue a la vez casa religiosa y declaración pública de la nueva dinastía.
Las obras comenzaron en 1388 y se prolongaron durante más de 150 años, según el portal cultural oficial de Portugal. Esa duración explica que el conjunto no pueda reducirse a un solo estilo. Predominan las formas góticas tardías; las fases posteriores incorporaron el lenguaje manuelino, asociado al reinado de Manuel I, y algunos elementos renacentistas. A medida que el monasterio crecía como panteón real y proyecto nacional, maestros y patrocinadores modificaron el plan inicial.