En el oriente de Cuba, el Parque Nacional Alejandro de Humboldt protege un encuentro de montañas, ríos y costa que no se entiende con un simple punto en el mapa. El bien Patrimonio Mundial se extiende por el sistema montañoso Nipe–Sagua–Baracoa, entre las provincias de Holguín y Guantánamo, y forma parte de la Reserva de la Biosfera Cuchillas del Toa. La Unesco lo inscribió en 2001 por sus valores naturales excepcionales. No es una atracción convencional junto a una carretera con una sola entrada central: las excursiones se organizan por sectores distintos y algunas rutas descritas oficialmente aparecen expresamente como no disponibles.
El parque lleva el nombre del naturalista alemán Alexander von Humboldt, quien exploró Cuba a comienzos del siglo XIX. Su valor no es solo paisajístico. La Unesco lo describe como uno de los mayores y mejor conservados remanentes de ecosistemas montañosos boscosos del Caribe, con una concentración singular de especies endémicas. Los ríos nacen en las montañas y enlazan laderas forestales, ambientes de agua dulce y zonas costeras. La geología, la altitud y las lluvias han determinado tanto la variedad de hábitats como las condiciones de acceso.