Al sur de Bakú, las alturas rocosas de Gobustán conservan un paisaje arqueológico que conviene recorrer sin prisa. El bien inscrito por la Unesco no es un único panel de roca ni un museo cerrado: comprende tres zonas de una meseta semidesértica, donde las piedras grabadas conviven con rastros de cuevas, asentamientos y enterramientos. La experiencia alterna entre el espacio abierto y los detalles que exigen acercarse. Una línea tallada puede parecer discreta, pero cobra otro peso cuando se entiende dentro de una historia humana mucho más larga.
La Unesco registra más de 6.000 grabados rupestres y señala indicios de ocupación humana desde el Paleolítico superior hasta la Edad Media. La inscripción del paisaje cultural en 2007 reconoció la amplitud y continuidad de ese testimonio. No siempre es sencillo determinar la antigüedad y el sentido de cada imagen; no se debe presentar el lugar como si todas las figuras tuvieran una fecha o interpretación acordadas. Su valor reside en la diversidad de las pruebas y en la posibilidad de investigar cómo distintas comunidades vivieron, utilizaron y representaron este entorno.